El tiempo es agua

 

El tiempo es Agua – Gobierno Autónomo Wampis – Perú

Textos de apoyo:

Los wampis estrenan gobierno

Los representantes de más de 200 comunidades indígenas wampis han creado el Gobierno Territorial Autónomo de la Nación Wampis, el primero de esta naturaleza en todo el Amazonas.

Lean el fotorreportaje completo en El País. 

El pueblo Wampis

Introducción

Los Wampis son un pueblo indígena u originario perteneciente a la familia lingüística Jíbaro. Al igual que otras culturas de la alta Amazonía, los Wampis se caracterizaban por una forma de vida guerrera, con eventos de enfrentamiento en torno a su espacio territorial, lo cual les permitió mantenerse como comunidad (Pérez & Delgado, 2019). Actualmente, se caracterizan por la defensa de su territorio y el uso de estrategias políticas y organizativas que guardan una estrecha relación con su cosmovisión ancestral (Romio, 2014; Gómez, 2018; Pérez & Delgado, 2019).

El territorio del pueblo Wampis abarca un área amazónica extensa, entre el sur de Ecuador y el norte del Perú, que en pre-épocas coloniales habría llegado hasta las costas del Pacífico. Actualmente, viven en el cruce de dos importantes cursos de agua: los ríos Morona (Kankaim) y Santiago (Kanús). Precisamente, son estas las vías de acceso más importantes para el comercio y contacto con el territorio (Pérez & Delgado, 2019).

De acuerdo a la división político-administrativa, se encuentran ubicados mayoritariamente en el departamento de Amazonas, específicamente en el distrito de Río Santiago, provincia de Condorcanqui. Este distrito forma parte de la zona denominada Alto Marañón, junto con los distritos de El Cenepa, Nieva (provincia de Condorcanqui) y con el distrito de Imaza (provincia de Bagua). Este territorio es habitado también por el pueblo Awajún y, además, guarda similitudes geográficas, climáticas y culturales (Calderón Pacheco, 2013).

El Alto Marañón limita al norte con el Ecuador, teniendo como límite natural la Cordillera del Cóndor; al este con el departamento de Loreto, cuyo límite natural es otra cordillera, la denominada Kampagkis; al sur limita con las provincias de Bongará y Utcubamba del departamento de Amazonas; y al oeste limita con las provincias de San Ignacio y Jaén, pertenecientes al departamento de Cajamarca (Calderón Pacheco, 2013).

Específicamente, el distrito de Río Santiago se ubica en el valle que forma el río Santiago y tiene una extensión de 8,380 km2, el cual representa el 37% de todo el territorio del Alto Marañón. Por las características y la ubicación de las comunidades indígenas a lo largo del río Santiago se distinguen tres zonas: Alto Santiago, Medio Santiago y Bajo Santiago. En la primera de estas, habitan exclusivamente comunidades Wampis, desde Kiin-Entsa hasta la comunidad de Papayacu, en la frontera con Ecuador. En Medio Santiago también existen comunidades Wampis, desde Progreso hasta Kamit Entsa, así como algunas comunidades Awajún y el asentamiento mestizo La Poza. Finalmente, en Bajo Santiago habitan comunidades indígenas Awajún, un asentamiento mestizo y la comunidad interétnica San Juan (Calderón Pacheco, 2013).

Según la clasificación ecológica, el distrito de Río Santiago posee las características del bosque muy húmero tropical con temperaturas que llegan a los 35°C y precipitación pluvial promedio de 3,000mm. Las mayores temperaturas se dan entre los meses de julio a noviembre, que coinciden con la época de menos lluvias (Calderón Pacheco, 2013).

De acuerdo a la información contenida en la Base de Datos Oficial de Pueblos Indígenas u Originarios (BDPI), el pueblo indígena u originario Wampis cuenta con un total de 87 localidades en las que viven y/o ejercen sus derechos colectivos, de las cuales 36 cuentan con reconocimiento como comunidad nativa. De acuerdo a los Censos Nacionales 2017, la población de dichas localidades asciende a 11,824 personas aproximadamente. Asimismo, a nivel nacional, 6,292 personas se sienten o consideran parte del pueblo Wampis.

Otras denominaciones

Tipo de pueblo indígena

Ámbitos territoriales con presencia tradicional

Historia

Pre-Colonial

Al igual que el pueblo Awajún, la historia más remota del pueblo Wampis está vinculada a la cultura prehispánica Moche, desarrollada entre los años 200 y 700 d.C. en la costa del Perú. Algunos autores señalan la posibilidad de un encuentro entre los Moches con los Wampis y Awajún, pues los primeros habrían llegado a la selva amazónica para obtener el oro con el que trabajaban su orfebrería (Regan, 2010; Ministerio de Cultura, 2015). Como prueba de ello, los moches estarían representados en relatos Awajún y Wampis como personajes míticos llamados “Iwa”. Los relatos mochicas habrían sido adoptados y adecuados por estos pueblos indígenas, según su medio ambiente y cultura como producto de un intercambio cultural (Ministerio de Cultura, 2015).

Por otro lado, la presencia Inca en el Alto Marañón fue de manera indirecta dado que no existen rastros de su presencia en la zona que actualmente se conoce como la provincia de Condorcanqui ni ninguno de los márgenes de los ríos Marañón, Cenepa ni Santiago. Sin embargo, se conocen los esfuerzos sin éxito por explorar e intentar conquistar esta zona por Túpac Inca Yupanqui (Sterling 1938 citado en Brown, 1984; Denevan, 1980 & Lathrap, 1981 en Calderón Pacheco, 2013; Ministerio de Cultura, 2015). 

​​​​​​​Colonial

La llegada de los españoles inaugura un nuevo proceso de transformaciones. La actual zona del Alto Marañón fue una de las primeras en llamar la atención, debido a la existencia de oro en sus ríos. En 1546 se fundó la ciudad de Jaén de Bracamoros, a la cual siguieron otras cinco en un lapso de 30 años: Zamora (1550), Valladolid (1557), Santiago de las Montañas (1558[1]), Logroño de los Caballeros (1564) y Sevilla de Oro (1576) (Santos, 1987 en Calderón, 2013). De estas, Santiago de las Montañas, actual comunidad San Juan de Kanus, fue la primera villa en territorio Wampis. A partir de la fundación de estas ciudades, los españoles iniciaron la explotación de oro en la isla del mismo nombre. Cansados del abuso de los españoles, un ejército guerrero Wampis encabezado por el Pamuk Kirup, atacó la villa en el año 1599, en donde asesinaron al gobernador echándole oro hervido (Gómez, 2019 en Pérez & Delgado, 2019).

Conocido como el “levantamiento Jíbaro”, el gran movimiento asumió la forma de confederaciones militares interétnicas de gran magnitud, con líderes locales sin jefatura centralizada que logró movilizar contingentes de 500 a 1000 guerreros para acciones concretas como ataques coordinados, generalizados y de carácter temporal gracias a los cuales pudieron cerrar el tránsito  de los conquistadores en gran parte de su territorio, conformando una <<frontera de guerra>> que se mantuvo hasta fines del siglo XIX (Santos, 1987 & 1992 en Calderón Pacheco, 2013; Garra & Riol, 2014 en Pérez & Delgado, 2019).

​​​​​​​​​​​​​​República

Es recién en el siglo XX, que se produce una interrelación sostenida entre el mundo occidental y el mundo Wampis mediante el establecimiento de diferentes misiones. En el año 1925 se estableció un grupo de misioneros nazarenos. Luego, en 1947 ingresó el Instituto Lingüístico de Verano (ILV), con el objetivo de educar a la población indígena y traducir la Biblia a la lengua wampis y awajún, bajo un convenio firmado con el gobierno peruano, durante el periodo de la dictadura del general Odría. Por último, los jesuitas, quienes tuvieron algunos intentos anteriormente, se volvieron a establecer a partir de 1949 (Pérez & Delgado, 2019).

En la década de 1960, el Estado peruano estableció la política de fronteras vivas. Estas consistían en asentamientos de colonos en las zonas de fronteras, supuestamente despobladas, con el fin de garantizar los límites territoriales del país. Se pensaba que la ocupación por pueblos indígenas no era “garantía suficiente para la defensa de las fronteras nacionales” (Espinosa, 1993 citado en Regan, 2007). De esta manera, llegó por primera vez la educación pública al pueblo Wampis, generando cambios en la organización y distribución territorial. Aquellos que solían vivir en las alturas de las quebradas, en los valles de las montañas y dispersos en el territorio, se asentaron en las orillas de los ríos, agrupados en familias grandes o núcleos conocidos actualmente como comunidades nativas.

Entre las décadas de 1960 y 1970, se produjo un nuevo ingreso masivo de colonos debido a la exploración de petróleo en la zona de Putuim y Piuntza, en el río Santiago. Una vez terminada la construcción del Oleoducto Norperuano, muchos de los obreros se quedaron en la zona como agricultores o comerciantes (Regan, 2007; Pérez & Delgado, 2019). Con la promulgación de la Ley de Comunidades Nativas de 1974, y tras un intenso trabajo de demarcación y legalización, los Wampis y Awajún han logrado titular importantes extensiones territoriales bajo la forma de comunidades nativas y reservas comunales (Pérez & Delgado, 2019).

A partir de la década del 90, se abre paso a políticas económicas que buscan la atracción de capitales nacionales y extranjeros, especialmente, para la explotación de recursos naturales con excepción de las áreas naturales protegidas. Sin embargo, dada la inestabilidad política de esos años, es a partir del 2006 que se trataron de disponer de una serie de legislaciones percibidas por los pueblos indígenas como una amenaza para su territorio. Esto llevó a las organizaciones indígenas amazónicas a realizar movilizaciones nacionales: en el 2008 se realizó el Primer Paro Nacional Amazónico y en abril 2009 se inició un Segundo Paro Nacional Amazónico. En especial, los pueblos Awajún, Wampis y Achuar, así como colonos del Alto Marañón se organizaron para manifestarse en puntos estratégicos tales como la carretera Fernando Belaúnde Terry y la Estación 6 de PETROPERÚ, entre otros (Defensoría del Pueblo, 2010).

Como señala Regan (2010), este segundo paro fue organizado con varias semanas de anticipación: se recolectó y analizó mucha información con la participación de ancianos y ancianas, líderes escogidos, licenciados del ejército y estudiantes universitarios. La preparación y realización de cada etapa del paro se hizo por consenso. Se escogieron a líderes respetados, principalmente, para cumplir un papel de coordinación en el aspecto operativo, más no se les otorgó poder de mando. Se formaron comités de lucha en cada uno de los cinco ríos de la zona: Imaza, Nieva, Cenepa, Marañón y Santiago. De igual forma, se establecieron coordinadores de logística para coordinar la alimentación y el transporte. Particularmente, el uso de celulares permitió una comunicación rápida entre ellos. Por último, los ancianos múun aportaron desde su experiencia y sabiduría y las ancianas ofrecieron fuerza y protección por medio de sus canciones sagradas, anen.

La demanda de las organizaciones indígenas a nivel nacional fue la derogación de distintas normas: Decretos Legislativos N° 1020, 1064, 1089, 1090, la Ley N° 29338 que modifica el D.L. N° 1090, entre otros. A pesar de que se iniciaron procesos de diálogo para dar solución a este conflicto, la suspensión del debate sobre la derogación del D.L. N° 1090 aumentó la desconfianza y el descontento de la población indígena. Como consecuencia, el 05 de junio de 2009 se produjeron graves sucesos de violencia que han sido materia de investigación: uno en la Curva del Diablo, en el marco de un operativo de desalojo de indígenas y otros manifestantes apostados en la carretera Fernando Belaúnde; un segundo hecho tuvo lugar en la Estación N° 6 de PETROPERÚ, en Imaza; y un tercer hecho, en las simultáneas protestas violentas contra las entidades públicas en las localidades de Bagua (Amazonas) y Utcubamba (Jaén, Cajamarca). Estos dejaron 33 personas fallecidas (23 efectivos policiales, cinco pobladores de Bagua y cinco indígenas), un policía desaparecido y 200 personas heridas (82 presentaron lesiones producidas por armas de fuego y, de éstas, 17 mostraban lesiones ocasionadas por perdigones) (Defensoría del Pueblo, 2010).

Este conflicto social, en el que los pueblos Awajún y Wampis tuvieron un papel primordial, ha marcado un punto de quiebre en el reconocimiento de los derechos colectivos de los pueblos indígenas u originarios. Con el fin de evitar más pérdidas humanas, se llevó a cabo un proceso de diálogo en donde se logró derogar cuatro decretos legislativos por los que se iniciaron las protestas. Del mismo modo, estos procesos permitieron la elaboración, con participación de las organizaciones nacionales indígenas y originarias, y promulgación de la Ley de Consulta Previa en el 2011 (Cavero, 2011).

 

[1] Según Gómez (2018), su fundación data del año 1564.

Instituciones Distintivas

Instituciones Sociales

Expresiones Culturales

Lengua

Cosmovisión y sabiduría ancestral

Identidad

Participación en relación al Estado

Bibliografía

Los wampis: primer gobierno autónomo indígena de Perú contraataca la deforestación
  • Los wampis son un grupo indígena compuesto por miles de personas, cuyos ancestros han vivido en la pluviselva amazónica del norte de Perú durante siglos.
  • Las incursiones crecientes de leñadores, mineros y buscadores de petróleo, así como los cambios de políticas que favorecieron la explotación industrial, dejaron a los wampis cada vez más preocupados por el futuro de su hogar. Unos representantes comentaron que se habían dado cuenta de que solo lograrían la oportunidad de defender a su gente y la supervivencia de su bosque si desarrollaban una estructura organizativa legal y sólida.

PUERTO GALILEA, Perú — En el 2009, unos decretos especiales, firmados por el presidente de turno, abrieron franjas extensas de territorio indígena peruano para la explotación de recursos. Grupos indígenas del sector norte del país reaccionaron al juntarse y formar su propio gobierno autónomo en el 2015 —el primero de este tipo en Perú—, denominado “nación wampis”. Con esa nueva autoridad, la nación wampis ha podido reaccionar ante la deforestación ilegal en su territorio y eliminarla, y continúa organizando y fortaleciendo su postura respecto de los problemas sobre el uso de la tierra en Perú y en el extranjero.

Cuando el explorador español Francisco de Orellana partió en busca de especias y del imperio mitológico El Dorado en 1541, no pudo haber sabido que su viaje lo llevaría a las curvas del río más grande del mundo. Entre los peligros enfrentados por los miembros de la expedición, ocurrió el enfrentamiento con los icamiabas, una tribu guerrera legendaria, liderada por una mujer, que dominaba el río en aquel entonces. Orellana comparó a las icamiabas con las amazonas de la mitología griega y le dio al río el nombre con el que la mayoría lo conoce en la actualidad.

En los siglos intermedios, innumerables exploradores e industrias surcaron sus aguas y atravesaron sus bosques en busca de conocimiento, aventuras y beneficio económico. Los wampis saben mucho sobre estos visitantes: el grupo indígena ha vivido en la selva amazónica por siglos, esparcidos en más de 13 000 km2 en los departamentos peruanos de Amazonas y de Loreto, al norte del país. Pero sus miembros afirman que están cansados de ver cómo los invasores talan sus bosques y contaminan el agua con mercurio, utilizado para extraer oro de la tierra.

Hace menos tiempo, apareció la industria del petróleo. El conflicto por los derechos sobre la tierra se intensificó en el 2009, cuando el entonces presidente, Alan García, firmó decretos que permitían a empresas extranjeras acceder a territorios indígenas para extracción de petróleo, minería y tala. Como resultado de esto, las concesiones de petróleo y gas natural cubrieron más del 40 % de la Amazonía peruana en el 2010 (a partir de un 7 % en el 2003).

Los decretos fueron anunciados con el objetivo aparente de facilitar la implementación del Acuerdo de Libre Comercio entre Perú y Estados Unidos. Sin embargo, los críticos afirman que su implementación violó los estándares internacionales de derechos humanos, tales como el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que requiere consulta y participación indígena en el uso, administración y conservación de sus territorios.

En reacción a estos decretos, 3000 miembros de grupos indígenas, que representan seis regiones diferentes de la Amazonía peruana, se reunieron y bloquearon una ruta cerca de la ciudad de Bagua, que conecta el departamento de Amazonas con los de Loreto, Cajamarca y San Martín. La protesta duró 57 días, hasta que el Gobierno reaccionó. El conflicto subsiguiente, que se haría conocido como “El Baguazo”, dejó 33 muertos (10 indígenas y 23 policías) y más de 200 heridos, y provocó saqueos y destrucción por toda la región. Recientemente, el Gobierno peruano erigió un monumento en Puerto Galilea para conmemorar la masacre y para honrar a los indígenas y a otros residentes.

Unos representantes wampis comentaron que se habían dado cuenta de que solo lograrían la oportunidad de defender a su gente y el futuro de su bosque si desarrollaban una estructura organizativa legal y sólida. Después de varias reuniones de sus líderes, representantes de 27 comunidades wampis (que totalizan una población de 15 000 personas) se unieron en el 2015. Invocaron el reconocimiento internacional de los derechos de los aborígenes y, el 29 de noviembre, declararon la creación de un gobierno territorial autónomo, denominado “nación wampis” (el primero de su clase en Perú), para defender el territorio y los recursos de las crecientes presiones de las industrias extractivas. Su territorio cubre una zona de selva equivalente a un tercio de los Países Bajos, a lo largo de la frontera norte entre Perú y Ecuador.

La formación de la nación wampis significa que todas y cada una de las actividades económicas llevadas a cabo en su territorio requieren su consentimiento. Pero, si bien es autónoma, la nación wampis aún se considera parte de Perú: “Todavía somos peruanos y así queremos continuar», afirma Shámpion Noningo, director técnico del gobierno territorial de la nación wampis—. “No queremos independencia, sino administrar nuestro territorio y tenemos el apoyo del Gobierno de Perú”.

Llegar al territorio wampis no es fácil. Cuando termina el camino, es necesario hacer el resto del trayecto en barco. Elmer Tuesta es conductor y dueño de uno de los barcos que hace el viaje por el río Marañón, desde Santa María de Nieva hasta Puerto Galilea, la ciudad que marca el límite del territorio wampis. Él comenta que no puede zarpar hasta no contar con una cantidad mínima de pasajeros. Tuesta llama a la gente que circula por el muelle en un intento por convencerlos de viajar. No pasa mucho tiempo, y los esfuerzos de Tuesta se ven recompensados. Con el barco lleno, Tuesta conduce lánguidamente a través de la neblina que cubre los árboles de la selva, como un vestido blanco diáfano.

El viaje dura tres horas. A lo largo del camino, se ven anclados barcos pequeños que transportan equipamiento para minería del oro. Por miedo a la reacción de los mineros, Tuesta no se atreve a acercarse, pero comenta que la mayoría de la minería en el territorio está suspendida hasta que finalice la temporada de lluvias.

Entre los pasajeros hay muchos jóvenes wampis, que viven en las grandes ciudades. Llevan puestas camisetas estampadas con el nombre de clubes españoles y el número del futbolista peruano Paolo Guerrero.

“Son los wampis urbanos —explica Noningo, sin ocultar su decepción porque los jóvenes están abandonando las tradiciones de los ancestros—. Esta es la parte más difícil del proceso de autonomía[…]la seducción por la acumulación de bienes”.

Para enfrentar este problema, la nación wampis enseña sus tradiciones en las escuelas, así como también alienta a los jóvenes a participar en reuniones de los grupos de trabajo del gobierno territorial y a trabajar en el área de agricultura. Este es el caso de John Milton quien, después de haber vivido en la ciudad, se enamoró de una mujer wampis, se casó y decidió quedarse. Aún intenta encontrar su lugar y varía sus actividades entre la agricultura y la cacería, pero confiesa que extraña su antigua vida urbana. Distinto es el caso de Henery Cuja, quien también decidió regresar luego de haber completado un curso como técnico de enfermería y ahora brinda atención médica en la comunidad ayambis. Está preocupado porque el calor aumenta cada año y, con eso, aumenta la proliferación de mosquitos que transmiten enfermedades peligrosas como malaria, dengue, fiebre amarilla, zika y chikungunya.

Los que trabajan en la Amazonía peruana dicen que la deforestación está empeorando las cosas en lo referente a amenazas como la malaria. Una investigación indica que la tala puede elevar las tasas de infección por malaria, debido a que crea hábitats óptimos para la reproducción de los mosquitos: estanques al borde de los bosques. Según Cuja, 76 de los 250 residentes de la comunidad ayambis fueron infectados con malaria, varios de los cuales contrajeron Plasmodium falciparum, la clase de malaria más mortal.

La nación wampis está trabajando para reducir la deforestación ilegal en su territorio. Según Noningo, han expulsado directamente de sus tierras a los mineros ilegales. En otras ocasiones, notificaron a las autoridades nacionales, quienes desalojaron a los invasores.

Lidiar con la tala ha sido más complicado. A diferencia de otras partes de la Amazonia (particularmente en Brasil), no existen rutas en la región wampis. Esto hace más difícil que los leñadores despejen zonas extensas, pero también les dificulta a las autoridades poder detectar la deforestación ilegal. Sin embargo, el presidente de la nación wampis, Wrays Perez, afirma que la tala ilegal selectiva es continua en la región y que los contrabandistas de madera buscan la capirona (Calycophyllum spruceanum). Es también conocida como bayabochi o mulateiro, y su madera es valiosa para la construcción.

De acuerdo con Perez, los leñadores llegan hasta los árboles por la noche, desde el río, y una persona hace de centinela. Una vez que talan y podan el árbol, lo cargan en el barco por la mañana y lo llevan río abajo para venderlo.

Desde la fundación de la nación wampis, la relación entre los wampis y el Gobierno de Perú ha sido bastante tranquila. El teniente coronel Herberts Cavero Medina, jefe de la sección Información de la sexta brigada de selva, atribuye esta tranquilidad a la excelente relación entre la nación wampis y las Fuerzas Armadas de Perú, que tiene una fuerte presencia en el territorio debido a su ubicación a lo largo de la frontera con Ecuador. Después de un conflicto entre Perú y Ecuador, conocido como Guerra del Cenepa, el Ejército trabajó para ubicar y quitar minas terrestres activas en varias zonas del territorio indígena.

Medina comenta que los jóvenes wampis prestan servicio en varios batallones de la región y reciben información indirectamente sobre tala ilegal y operaciones mineras. Entonces, el Ejército informa a las autoridades nacionales para expulsar a los invasores (si los wampis no lo hicieron ya).

Los wampis tienen permitido cazar y cultivar hasta cinco hectáreas en cualquier parte del territorio que elijan. Y la agricultura es rentable. Por ejemplo, los comerciantes sostienen que el cacao puede venderse a compradores externos por 3,2 soles por kilo, considerando que una hectárea produce un promedio de 1,5 toneladas por mes. Noningo explicó que también están considerando maneras de explotar el oro “de forma manual, sin máquinas, lo que significa no atacar el bosque y valorar el oro”.

La mayor preocupación de los wampis es la industria del petróleo, según Pérez. Hace referencia específica al Oleoducto Norperuano, parte del cual corre por territorio wampis. En total, el oleoducto se extiende por 1106 km desde la selva amazónica hasta el océano Pacífico para abastecer las refinerías peruanas. El oleoducto tiene un largo historial de derrames y pérdidas; al menos 23 ocurrieron entre el 2001 y el 2016. En el 2016 el oleoducto fue cerrado temporalmente después de haber tenido tres derrames en cinco meses.

Pérez también está atento al mundo exterior, en especial, a Brasil, la economía más grande de Sudamérica. La reciente elección de Jair Bolsonaro (de extrema derecha) como presidente es una particular preocupación para él, y lamenta la decisión del nuevo Gobierno de subordinar el ministerio de Medio Ambiente al de Agricultura y de abrir los territorios indígenas para la explotación de recursos.

“Esto afectará en gran medida a la selva amazónica de Brasil y a los derechos de la gente que vive allí desde hace miles de años y que siempre ha preservado el bosque”, dice Pérez.

En un mundo donde las acciones para preservar los bosques y luchar contra el cambio climático encuentran resistencia en las ideas antiguas de gobiernos nuevos, los wampis esperan que su territorio nuevo, un territorio libre, ayude a cambiar la conversación. Sin embargo, por el momento, su enfoque está en construir su capacidad y en proteger su hogar.

“Los españoles no nos conquistaron directamente, no fuimos esclavos; nos absorbieron cuando se formaron los estados, por lo que necesitamos mucho tiempo para poder organizarnos en una sola voz”, sostiene Noningo.

Fuente: Mauricio Pimienta en rainforestjournalismfund.org (¡vean las imágenes!)