La última tinaja
Textos de apoyo:
¿Quiénes son los directores del cortometraje?
Gabriela Delgado Maldonado – 29 años
Comunicadora social y documentalista. Forma parte de la Escuela de Cine Amazónico y pertenece a la Asociación de Cineastas de la Amazonía Peruana ACAPE. Asume el audiovisual como una herramienta política y sus cortometrajes abordan las problemáticas sociales de los pueblos indígenas y han sido premiados en distintos Festivales de Cine. Directora de los cortometrajes Raomis Ainbo y Ja Chomobicho Baneni, este último codirigido junto a Bernabé Mahua, ambos ganadores del Concurso Nacional de Cortometrajes del Ministerio de Cultura de Perú. Actualmente es coordinadora del proyecto «Jeman Cine», que realiza talleres de cine comunitario en comunidades indígenas.
Bernabé Mahua Fasanando – 30 años
Comunicador audiovisual Shipibo Konibo y productor musical. Forma parte de la Escuela de Cine Amazónico y pertenece a la Asociación de Cineastas de la Amazonía Peruana ACAPE. Su trabajo busca visibilizar las problemáticas de los pueblos indígenas y su cortometraje » Ja Chomobicho Baneni» codirigido junto a Gabriela Delgado Maldonado ha ganado distintos premios. Actualmente es productor del proyecto «Jeman Cine», que realiza talleres de cine comunitario en comunidades indígenas.
Fuente: 11 Festival de Cine Etnográfico de Ecuador
El pueblo Shipibo-Konibo
Introducción
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El pueblo Shipibo-Konibo Este pueblo tiene su origen en una serie de fusiones culturales entre tres grupos que anteriormente eran distintos entre sí: los Shipibos, los Konibos y los Shetebos. El nombre de este pueblo estaría relacionado con los términos “mono” y “pez”, en el idioma originario. Según la tradición oral de este pueblo, los Shipibo-Konibo recibieron esta denominación porque en el pasado se ennegrecían la frente, el mentón y toda la boca con un tinte natural de color negro, lo que los hacía parecerse a un mono que llamaban shipi. Hoy, los ciudadanos de este pueblo han aceptado esta denominación sin considerarla como peyorativa y reivindicándola (Morin 1998).
Los Shipibo-Konibo han sido conocidos por su gran movilidad y su capacidad para organizar conglomerados de población indígena en zonas urbanas, siendo un ejemplo Cantagallo, el asentamiento indígena amazónico más conocido y numeroso en Lima Metropolitana, ubicado en el distrito del Rímac.
Por otro lado, la producción artesanal y textil del pueblo Shipibo-Konibo es una de las más famosas de la Amazonía peruana debido a sus típicos diseños. El famoso sistema de diseño kené tiene un valor fundamental en la cultura Shipibo-Konibo, ya que expresa su cosmovisión. En el año 2008, el kené fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación con la Resolución Directoral RD N 540/INC-2008.
Este pueblo ribereño se encontraba tradicionalmente asentado en las costas del río Ucayali y sus afluentes. Actualmente, las comunidades Shipibo-Konibo se ubican en los departamentos de Ucayali, Madre de Dios, Loreto y Huánuco. Según datos obtenidos por el Ministerio de Cultura, la población en las comunidades de este pueblo se estima en 32,964 habitantes, siendo uno de los pueblos más numerosos de la Amazonía peruana.
Otras denominaciones
- Shipibo, Joni, Chioeo-conivo
Tipo de pueblo indígena
Ámbitos territoriales con presencia tradicional
- río Ucayali, río Pisqui, río Madre de Dios, quebrada Genepanshea
Historia
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Según Francoise Morin (1998), existe evidencia arqueológica para afirmar que en la cuenca del río Ucayali habitaron sociedades desde mucho antes de la llegada de los españoles. Para el arqueólogo Donald Lathrap, los antecesores de los shipibo-konibo habrían llegado al Ucayali procedentes del norte, entre los años 650 a 810 a.C.
A partir de las investigaciones realizadas, Morin sostiene que en la cuenca del río Ucayali se habrían desarrollado sociedades complejas con una alta densidad poblacional, a las que se asocia un particular estilo de cerámica denominado cumancaya. Lathrap encontró grandes pedazos de vasijas de cerámica, lo que indicaría, junto con la presencia de hachas de piedra, la práctica de una temprana agricultura de tubérculos (MINSA 2002).
De acuerdo con Tournon (2002), los pueblos que hoy conforman el pueblo shipibo-konibo, mantuvo una relación de intercambio con pueblos andinos desde la época pre inca. Asimismo, mantuvo contacto con otros pueblos amazónicos cuyas lenguas pertenecían a otras familias lingüísticas distintas de los Pano, como los de habla Tupí-Guaraní, establecidos en el medio Amazonas, desde antes de la llegada de los españoles.
Durante los siglos XVII y XVIII, religiosos de las órdenes jesuita y franciscana incursionaron en territorios ocupados por los diferentes pueblos cuyas lenguas pertenecen a la familia lingüística Pano, con la misión de evangelizarlos. Uno de los primeros encuentros entre misioneros y shipibo-konibo, tuvo lugar en 1657, cuando misioneros y soldados llegaron a territorio ocupado por los actuales shipibo-konibo, a quienes llamaron callisecas. En esa ocasión, se daría uno de los primeros enfrentamientos entre indígenas y misioneros. En 1660, los indígenas se habían enfrentado nuevamente a los misioneros asentados en las misiones de las riberas del río Huallaga (Morin 1998).
Durante el siglo XVIII, continuaron los intentos de los misioneros de agrupar a los diferentes grupos de indígenas en misiones, pero este pueblo mantuvo una férrea resistencia (INEI 2007). Según Jacques Tournon (2002), la más grande rebelión que expulsó a los misioneros de la zona se dio en 1766 y fue impulsada por la unión de los pueblos shipibo, konibo y shetebo, antes rivales. Esta rebelión fue liderada por Runcato, hoy considerado un personaje importante en la historia del pueblo.
Con la independencia del Perú, la población indígena de las misiones se dispersó y llegaron a territorio shipibo-konibo colonos de diversa procedencia. El periodo de extracción del caucho, afectó de manera importante el estilo de vida de los shipibo-konibo, quienes trabajaron bajo el sistema de “enganche” para patrones caucheros, con quienes contrajeron grandes deudas. En esta época, un grupo de shipibo-konibo fue trasladado a la región de Madre de Dios, poblada por otros indígenas también vinculados a la familia lingüística Pano (Tournon 2002).
Con la caída de los precios del caucho a inicios del siglo XX, muchos patrones abandonaron esta actividad para dedicarse al cultivo del algodón, recurriendo nuevamente a la mano de obra shipibo-konibo (Morin 1998).
En la década de 1930, incursionaron en territorio de este pueblo misioneros protestantes, quienes intentaron reemplazar la labor de misioneros católicos mediante el establecimiento de varias escuelas en las aldeas shipibo-konibo. Además de este grupo de misioneros, llegó un grupo de migrantes que se estableció principalmente en la ciudad de Pucallpa, lugar ubicado en medio del territorio shipibo-konibo. Esta oleada migratoria estuvo motivada por el énfasis del Estado peruano en vincular la Amazonía al desarrollo nacional, siendo una acción importante la construcción de la carretera Lima-Pucallpa y de un aeropuerto (Morin 1998).
Con la llegada del Instituto Lingüístico de Verano (ILV), en la década de 1950, se establecen escuelas en territorio shipibo-konibo (MINSA 2002). Así, para el año 1966, habían 25 maestros shipibo-konibo enseñando en 12 escuelas distribuidas en todo el territorio indígena. La instalación de escuelas impulsó la reagrupación y la sedentarización de este pueblo, ubicándose a lo largo del río Ucayali (Morin 1998).
Los shipibo-konibo son conocidos por su gran movilidad y por su capacidad para organizar conglomerados de población indígena en zonas urbanas. En la década de 1990 comenzó una fuerte migración desde las comunidades shipibo-konibo a la ciudad de Pucallpa en Ucayali, conformándose asentamientos humanos en el distrito de Yarinacocha, habitadas por familias que mantenían vínculos con sus comunidades de origen. El departamento de Lima alberga también población shipibo-konibo, siendo Cantagallo el asentamiento indígena amazónico más conocido y numeroso en Lima Metropolitana, ubicado en el distrito del Rímac. Cantagallo cuenta con una institución educativa donde se imparte la Educación Intercultural Bilingüe a nivel inicial y primaria (Terra Nuova et al. 2013).
Lengua
- La lengua Shipibo-Konibo (ISO: shp) pertenece a la familia pano y es hablada por el pueblo autodenominado con el mismo nombre en las cuencas de los ríos Ucayali, Pisqui, Madre de Dios y la quebrada Genepanshea, en las regiones de Huánuco, Loreto, Madre de Dios y Ucayali. Desde hace algunas décadas, existen importantes asentamientos de este pueblo en la ciudad de Lima. Tradicionalmente, ha sido conocida también como shipibo, joni, chioeo-conivo, aunque hoy los propios hablantes prefieren llamarla Shipibo-Konibo. Los resultados de los censos nacionales 2017 indican que 34152 personas han manifestado que su lengua materna es la lengua Shipibo-Konibo y 25,232 personas se han autoidentificado como parte del pueblo indígena Shipibo-Konibo a nivel nacional.
El Shipibo-Konibo es una lengua vital según el Ministerio de Educación (2013) y desde el año 2007 cuenta con un alfabeto oficial normalizado con la participación de representantes del pueblo (Resolución Directoral N.° 0337-2007-ED del 13 de setiembre de 2007 y la Resolución Ministerial N.° 303-2015 MINEDU del 12 de junio de 2015). Actualmente funcionan 282 escuelas de educación intercultural bilingüe y se cuenta con 14 traductores e intérpretes registrados por el Ministerio de Cultura.
Cosmovisión y sabiduría ancestral
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En su texto El ojo verde. Cosmovisiones amazónicas, AIDESEP y otros autores (2000), hacen referencia a los cuatro mundos en la cosmovisión shipibo-konibo. Según el testimonio del profesor Eli Sánchez, el mundo de las aguas o jenenete es habitado por los espíritus del agua, siendo el más poderoso Ronin, un espíritu caracterizado como una boa grande. Este mundo también está habitado por los shipibo-konibo que viven dentro del agua, personajes a quienes denominan jenechaikonibo.
‘Nuestro mundo’ o non nete es, hace referencia al mundo habitado por los seres humanos, por los animales que pueden comerse, por las plantas, los árboles, las aves y demás seres vivientes. Este mundo estaría también habitado por los espíritus de las plantas, como la lupuna, la catahua, el ayahuasca, el tabaco, entre otros.
El ‘mundo amarillo’, denominado panshinnete, es el mundo de los pecados y de los malos espíritus. El cuarto mundo es el ‘espacio donde está el Padre Sol’ o jakon nete, espacio a donde llegan espíritus de seres humanos, así como los espíritus de los animales y las plantas. Este es un mundo lleno de flores, de frutas y de plantas, que solo el médico shipibo-konibo, el meraya, tiene la capacidad de visitar antes de su muerte. Según la creencia de este pueblo, este especialista de la salud puede recorrer los cuatro mundos y tomar contacto con los seres que ahí habitan mediante la ingesta de ayahuasca. Así mismo, tendría también la capacidad de transformarse en otros seres, tales como el tigre, la boa o el puma (AIDESEP et al. 2000).
En cuanto a la cosmovisión shibibo-konibo, esta es expresada a través de su artesanía y el kené, sistema de diseño característico de este pueblo, el cual se plasma sobre diversos soportes como tela, madera y cerámica. Para los shipibo-konibo, hacer kené es pintar, bordar o tejer diseños, y significa un arte típicamente femenino que se enseña de madre a hija y que utiliza materiales variados, algunos derivados del bosque y las chacras (Belaunde 2012).
Los motivos del kené tienen un origen en la cosmovisión de este pueblo y son inspirados, según la creencia ancestral, en la anaconda, la que combinaría en su piel todas las variaciones de motivos (Morin 1998). Para poder ver y hacer diseños, los shipibo-konibo consideran necesario consumir las plantas que manifiestan el poder de la anaconda, tales como las plantas rao y la ayahuasca (Baca de Las Casas, 2014).
En relación al rol de este diseño en la comercialización artesanal, Luisa Elvira Belaúnde (2012) sostiene que los diseños kené vistos en visiones de ayahuasca son importantes, no sólo porque adornan los objetos vendidos por las mujeres de este pueblo, sino también por su importante papel en el mercado turístico chamánico. En ambos casos, esta técnica de visualización de diseños se viene insertando con éxito en la economía comercial.
En el año 2008, este sistema de diseños llamado kené fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación (RDN 540/INC-2008), siendo el expediente técnico para la declaratoria, elaborado por la antropóloga Luisa Elvira Belaúnde, y presentado por el señor Jorge Luis Baca de las Casas, en representación del Colectivo de Artistas Shipibo-Konibo Barin Bababo.
Participación en relación al Estado
- La consulta previa es un diálogo entre el Estado y los pueblos indígenas, su finalidad es llegar a acuerdos sobre medidas administrativas o legislativas que puedan afectar los derechos colectivos de los pueblos. Los acuerdos a los que se lleguen en el proceso son de cumplimiento obligatorio para ambas partes (CULTURA 2019).
Además de los dos procesos a nivel nacional, el pueblo Shipibo-Konibo viene participando de siete procesos de consulta previa. Entre ellos, se encuentran el proceso respecto de la propuesta de categorización de la Zona Reservada Sierra del Divisor como Parque Nacional, sobre propuesta de Área de Conservación Regional Imiria, modificación de la zonificación del Plan Maestro de la Reserva Comunal El Sira 2015 – 2019, el proyecto Hidrovía Amazónica y los lotes de hidrocarburos 189, 191 y 195.
Para conocer más sobre estos procesos, visite el portal web de Consulta Previa en: http://consultaprevia.cultura.gob.pe/
Bibliografía
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AIDESEP, FORMABIAP, FUNDACIÓN TELEFÓNICA (2000) El ojo verde. Cosmovisiones amazónicas. Lima: AIDESEP, FORMABIAP, Fundación Telefónica.
BACA, Jorge (2014) Kené: diseño del pueblo Shipibo-Konibo. Consulta: 17 de junio de 2014. https://barinbababo.wordpress.com/kene/
BELAUNDE, Luisa E. (2012) “Diseños materiales e inmateriales: la patrimonialización del kené Shipibo-Konibo y de la ayahuasca en el Perú”. Mundo Amazónico número 3, pp. 123-146.
INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICA E INFORMÁTICA (INEI) (2007) II Censo de Comunidades Indígenas de la Amazonía Peruana 2007. Resultados definitivos. Lima: Instituto Nacional de Estadística e Informática.
INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICA E INFORMÁTICA (INEI) (2017) Censos Nacionales 2017: XII de Población, VII de Vivienda y III de Comunidades nativas y comunidades campesinas. Lima: Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).
MINISTERIO DE CULTURA (CULTURA) (2019) Consulta previa. Consulta: 4 de septiembre de 2019. http://consultaprevia.cultura.gob.pe/por-que-la-consulta-previa/
MINISTERIO DE SALUD (MINSA) (2002) Análisis de la situación del pueblo Shipibo-Konibo. Lima: Dirección General de Epidemiología del Ministerio de Salud.
MORIN, Francoise (1998) “Los shipibo-conibo”. En: SANTOS GRANERO, Fernando y Frederica BARCLAY (editores). Guía etnográfica de la Alta Amazonía. Volumen III. Lima: IFEA, Smithsonian Tropical Research Institute, Abya Yala, pp. 275-438.
SANTOS, Fernando y Frederica BARCLAY (editores) (1998) Guía Etnográfica de la Alta Amazonía. Volumen III. Lima: IFEA, Smithsonian Tropical Research Institute, Abya Yala.
SOLDEVILLA, Lurdes (2010) Ciudadanía y participación política del pueblo Shipibo-Konibo en Ucayali. [Monografía para optar por el grado de Licenciada en Antropología por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos].
TERRA NUOVA, CAAAP, MUNICIPALIDAD METROPOLITANA DE LIMA (2013) Diagnóstico situacional de pueblos indígenas amazónicos en Lima Metropolitana. Lima: Terra Nuova, CAAAP.
TOURNON, Jacques (2002) La merma mágica: vida e historia de los shipibo-conibo del Ucayali. Lima: CAAAP.
Fuente: Base de Datos de Pueblos Indígenas u Originarios del Perú
Arte y tradición de los Shipibo-Konibo
En sus manos tienen el talento y cada uno de sus trazos preserva su identidad. El arte ancestral de la comunidad Shipibo-Konibo ha pasado por varias generaciones, ha cruzado fronteras y hoy es una de las expresiones culturales más representativas de la Amazonía peruana. En sus notables piezas, entre cerámicos, tallados y textiles, reproducen la cosmovisión de su mundo a través de figuras geométricas y una amplia variedad de colores.
Se trata de un oficio de gran riqueza artística cuyos diseños pasan por un proceso de creación que incluyen rituales de ayahuasca. A través del consumo de esta planta medicinal -oriunda de la Amazonía peruana- las artistas visualizan en su mente todo tipo de imágenes que luego plasman en sus trabajos finales. Cada detalle, forma o color posee un significado y una visión propia de su cultura, la cual es motivo de orgullo para el Perú.
Magnífico arte
Reconocido a nivel mundial, el trabajo artístico de los Shipibo-Konibo es su más grande legado cultural. Se trata de una tradición que vienen desarrollando desde hace siglos y que se traslada entre cada generación, siendo una actividad que las mujeres aprenden desde muy temprana edad.
La belleza de sus cerámicos y textiles está principalmente en la estética de sus diseños. El uso de figuras geométricas y la originalidad de sus trazos -conocido como arte Kené- han dado lugar a piezas auténticas que manifiestan el misticismo y espiritualidad que envuelven a esta cultura. Esta técnica pone en práctica todo lo que una madre shipiba le enseña a su hija desde niña en el arte del pintado, bordado y tejido utilizando materiales provenientes del bosque.
Según la tradición, antes de trabajar en sus piezas, las artistas beben ayahuasca como parte del proceso de visualización y creación mental de figuras en las que predominan estrellas, serpientes, cuadrados, rombos y cruces. Los colores sagrados de los shipibos son el rojo, amarillo, blanco y negro. Los dos primeros son asociados al sol, mientras que los últimos a la luna.
Si eres un amante de la cerámica, las piezas hechas por los shipibos son unas verdaderas obras de arte. Al igual que sus textiles, los diseños son representaciones de su cosmovisión que sirven para reafirmar su identidad. El diseño en curvas alude a los jóvenes solteros y a los ríos que recorren sus tierras. El de líneas finas simboliza al ritual ani sheati, una ceremonia muy propia que celebra la visita de una comunidad a otra.
El origen de una cultura ancestral
Según historiadores, la comunidad Shipiba tuvo sus inicios entre los años 800 y 650 a. C. estableciéndose a lo largo de la ribera del río Ucayali -al norte de la Amazonía del Perú-. Estaban conformados por tres grupos étnicos: los Shipibos, los Konibos y los Shetebos, y sus principales actividades eran la pesca, la caza, la agricultura y la artesanía. Aunque no se sabe con exactitud cuándo se inició la unión de estas comunidades, hoy conviven en armonía e, incluso, realizan matrimonios mixtos.
En la actualidad, los Shipibo-Konibo integran cerca de 150 pequeñas comunidades ubicadas en las regiones de Ucayali, Huánuco y Loreto, aunque también son conocidos por ser un pueblo nómade que habita en diferentes zonas del Perú. Ejemplo de ello es la comunidad shipiba de Cantagallo, establecida en la ribera del río Rímac, en Lima, la capital peruana.
¿Sabías que…?
Según cuenta la tradición, los Shipibo-Konibo recibieron este nombre debido a que antiguamente se pintaban con un tinte negro la frente, el mentón y los labios, lo que los hacía parecerse al mono shipi. En la actualidad, este pueblo ha reconocido y reivindicado esta designación sin considerarla despectiva.
Fuente: Peru.travel
